La agricultura industrializada favorece la uniformidad genética. Lo característico es que inmensas zonas se siembren de una única variedad de alto rendimiento, práctica conocida como monocultivo, empleando insumos costosos como riego, fertilizantes y plaguicidas para obtener la máxima producción. En este proceso quedan sumidas en el olvido o solo variedades agrícolas tradicionales, sino también ecosistemas de cultivo de larga tradición, así como predadores naturales que podrían haber contribuido a la lucha contra las plagas.

La uniformidad genética provoca el desastre porque hace a un cultivo vulnerable a plagas y enfermedades; la plaga o enfermedad que ataca a una planta se difunde rápidamente por todo el cultivo. Un ejemplo de los peligros que extraña a la uniformidad genética fue la “Hambruna Irlandesa de la Papa” en 1840 atacada por el Tizón o Mildius de la papa.

Valor de la diversidad fitogenetica.

El valor de la diversidad fitogenética es enorme. En el mundo en desarrollo la diversidad fitogenética permite a los agricultores permite seleccionar cultivos que se acoplan a las necesidades ecológicas y las tradicionales culturales. Sin esta diversidad se van al traste opciones para una sostenibilidad a largo plazo. Esto vale especialmente para las zonas marginales con terrenos muy variados. La variedad determina en gran parte los fertilizantes, plaguicidas y riego necesarios. Las comunidades que pierden variedades tradicionales, que se han venido aceptando a lo largo de siglos a las necesidades y condiciones del lugar, corren el riesgo de pasara depender de fuentes de semillas exteriores y de los insumos que hacen falta para su cultivo y protección. Sin un sistema agrícola que guarde consonancia con la comunidad y su medio ambiente, se hace imposible la autodependencia de materia agrícola.

Para alimentar a una población mundial cada vez mayor, habrá que aprovechar todos los recursos genéticos disponibles, en particular los parientes silvestres.

Geopolitica de los recursos fitogeneticos

En las dos últimas décadas se ha puesto sobre el tapete la cuestión del control y propiedad de la diversidad fitogenética y del acceso a la misma. El mejoramiento genético en el mundo industrializado se ha venido comercializando cada vez mas y ahora está dominado por empresas tradicionales de semillas y productos agroquímicos. Para fomentar las innovaciones y permitir los objetores recuperar sus inversiones en investigaciones, muchos gaviones del mundo industrializados han adoptado un sistema de “derechos del obtentor”. Se les da así una protección parecida a una patente con derechos limitados de monopolio sobre la producción, comercialización y venta de sus variedades por un periodo de hasta 20 años.

La disparidad entre el acceso ilimitado a los recursos genéticos, sobre todo a las razas autóctonas cultivadas por los agricultores y la existencia de derecho de propiedad reconocido como derecho del obtentor sobre las variedades mejoradas, ha dado pábulo a un intenso debate sobre la injusticia subyacente en la corriente de plasma germinal.

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